miércoles, 28 de julio de 2010

Diario personal de un cuentacuentos.

Antes de retirarme a descansar quiero desearos unas buenas vacaciones a todos, tanto a quienes no las han disfrutado todavía como a los que habéis vuelto de ellas renovados.

Feliz tiempo de lo que os queda de verano, que no es poco. Nos volvemos a reencontrar sobre la mitad de septiembre.
Un tremendo abrazo.

Ahora sí, abramos las ventanas para refrescar un poco este espacio con algo alegre y emotivo que por ahí encontré como un regalo que es un helado de los grandes para distraer este sol que nos abrasa jajaja


Resulta que repasando los borradores de las entradas de este blog me he tropezado de lleno con algo que escribí hace cierto tiempo, pero el olvido y las dudas de si compartir o no una experiencia personal se resume en no saber si este espacio es el lugar adecuado para ello, aunque bien mirado aquí existe un nexo que nos une profundamente con la literatura, y de la misma forma de como este encuentro fue un primer paso de acercamiento hacia quienes están y se inician al otro lado de los libros, no me queda más remedio que aceptar una reflexión del tamaño del Quijote.

No existe literatura más real ni más viva que conversar con quienes siempre nos esperan y a los que siempre andamos buscando; unos sin otros somos quimeras y utopías entre polvo sin rumbo ni dirección hacia donde llegar.



Diario personal de un cuentacuentos.

La primera vez que una experiencia se sitúa sobre el lugar e instante de uno, de nadie más; para aprender a pronunciar la primera silaba, para dar un primer paso, para experimentar una primera reflexión superficial que a otras más intensas nos avocara, es una de las mayores satisfacciones que nos arroparan en el tiempo. Cuando racionalmente reconocemos mínimamente e interiorizamos una primera experiencia, buscamos refugiar los momentos amargos de la vida en la gran catedral que nos invoca e invita a descansar y a seducirnos a nosotros mismos como una necesidad propia, única y personal que existe desde que la mujer roció sobre los cinco continentes el sentido común como una esencia intensa de la que no se debe huir, la que no quiero olvidar, la que mis antepasados hallaron en la bahía frente a Santorini ya hace ciertos siglos bajo uno de los mayores cataclismos acaecidos entre los dos hemisferios contrarios de esta enorme casa en la que todos habitamos. Desde la hermosa isla donde la descubrieron y recogieron unas manos más pequeñas y valientes que las mías y las vuestras; ellas han custodiado el secreto repartido a voces, repartido desde sus pechos hasta nuestra boca a todos sin excepción como a hijos, hasta hoy, hasta aquí, hasta mi amada Barcelona.

Hoy a doce del once de dos mil nueve en la localidad de Terrassa me he estrenado en mi primera experiencia de cuentacuentos en un colegio al que le tengo un gran aprecio porque siempre han tratado con cariño y gran profesionalidad a sus alumnos y a los padres; siempre lo he sentido así, y así lo afirmo. Es como una gran familia en la que me he hallado cómodo, correspondido y cercano entre todos sus profesores, y a ninguno de ellos jamás les he visto falta de vocación. En incontables veces han traspasado esa línea que abarca comprometerse ampliamente en mucho más allá de sus obligaciones, son personas que se quitan las etiquetas universitarias y te llegan al alma sin un ápice de arrogancia, se visten con tus problemas, con tus dificultades, comparten su sonrisa, conviven como parte de ti y tu como parte de ellos hasta que ambos junto con los hijos conformamos un todo.

Hoy a doce del once de dos mil nueve he podido compartir un sencillo cuento con los escolares de segundo de primaria del San Josep de Calasanç.

Poco antes de comenzar nuestro encuentro tenía ciertas dudas de ser capaz de llegar a motivar a unos niños para los que yo era un completo desconocido, pero bastaron tres minutos en los que les explique brevemente el argumento del relato para introducirles en la historia, cuando entendí que ya no era un extraño, incluso en broma les pregunte si me podía marchar y todos me contestaron a una que de eso nada.

Opte por contar un solo cuento y darles un poco de espacio, me decante por uno de los míos que por ser hijos propios les tengo más confianza “sin entrar en comparativas literarias”; siempre es más fácil improvisar si en algún momento pierdes el hilo, y así sucedió. Todos los chiquitos estaban sentados sin mediar palabra y cada dos por tres con la mano alzada deseosos de participar, como esperando mi permiso para darles la oportunidad de expresarse.

Ha sido tan grato y enriquecedor conversar con ellos, descubrir lo intuitivos que son, el cariño que te entregan, la sinceridad y la claridad con la que exponen lo que sienten, que fuera de su estatura yo ya no les veo como a niños, me miro a mi mismo y anhelo conquistar algún día parte de lo que ellos significan; son imaginativos, risueños, alegres, agradecidos, educados, con sentido del humor, capaces de compartir. Son con nombres y apellidos mis héroes.

Desde aquí y siempre, para todos vosotros “la clase de segundo de primaria“ gracias por dejarme ser vuestro cuentacuentos.

Y felicidades a ese chiquito que en su aniversario me ofreció un trocito de pastel.

Y a ti Vanessa, gracias por la gran labor que realizas y por la ayuda prestada sin la cual esto no habría sido posible.

Agradecimientos:
A Angels, una increíble persona y directora, a Maribel que siempre me trae de cabeza, al resto de magníficos profesores del San Josep de Calasanç que educan a diario a nuestros hijos.

RRD.