miércoles, 22 de diciembre de 2010

El Heredero Dormido. Autora L. H. Moon

Hoy nos volvemos a reencontrar en un 24 de diciembre, y como lo prometido es deuda…

Desde el otro lado del atlántico en un día tan memorable y a las puertas de otra noche buena tenemos el privilegio de contar en primicia con la visita de una autora cabal y muy capaz. Y por comenzar con algo muy especial, es en este humilde blog donde ella ha decidido entregar la mayor concesión que un autor puede aportar, son las inconfundibles señales, las únicas siglas que nos hacen enteros y de una sola pieza ante nuestro alrededor, su verdadera identidad.

Ahora sí. Pero mejor que mis palabras son las suyas.

Adelante. Pasen y acomódense

De entre tantas otras, y por citar a algunas, las consagradas autoras de las sagas de Harry Potter y de Crepúsculo han roto con el prejuicio de que un best seller del género fantástico debe ser escrito por un hombre. Es por ello por lo que en el largo camino que aun me queda por recorrer en este amplio bastión del mundo de las letras donde mi punto de partida comenzó como el de una simple autora novel enmascarada, que anhele tanto deshacerme de aquellos fantasmas y me plantee de una vez por todas el enfrentarme cara a cara con la eterna cuestión, y sin querer lapidar mi integridad moral, hoy digo basta, hoy me acojo a la honestidad como la senda más justa para ser fiel a mis principios en esa necesidad interna de un deseo que me hiere, sea pues que en este preciso instante es cuando resuelvo y redimo mis propios temores, es aquí y ahora cuando decidido no esconderme únicamente detrás de un seudónimo; aunque, no obstante, seguiré firmando mis obras como L. H. Moon.

Bien, ¿qué más puedo contaros…? Intentare narrar mi propia historia dentro de un cierto orden hasta donde la memoria me alcance. Comenzaré por el principio, pero no sin antes aclarar con cierta satisfacción que no me ha quedado otra alternativa ante la continua insistencia de nuestro Iñaki en su empeño hasta conseguir que me vaciara entera en cierta medida, de ahí que exprese que ha sido como una liberación – ahora bien, seguid un pequeño consejo, tened mucho cuidado con un tal Iñaki jajaja para no caer en sus cariñosas trampas puesto que es fácil sucumbir a ese ímpetu que siempre le acompaña por querer sacar de los demás un poquito más de sí mismos para que no seamos solo hojas y palabras, pero en verdad ¿Quién se puede negar a jugar a tales travesuras?--

Mi nombre es Liliana Hilda Luna y nací en la provincia de Buenos Aires en la Argentina un 23 de Noviembre de 1954 y soy hija única. Mis raíces y mis orígenes están arraigados profundamente a la humildad en la que acuñaron mis progenitores sobre su exquisita existencia en un hogar entrañable y sencillo en el que crecí a mitad de camino entre una madre ama de casa que sufrió todos los desvelos posibles por el amor de una hija y un padre que nos mimo y nos procuro sustento con su oficio de contador público.

Cuando estuve en la escuela secundaria (para vosotros la preuniversitaria), no me gustaba salir durante las vacaciones de invierno, pues siempre detesté el frío y la lluvia (salvo verla caer detrás de una ventana en una habitación con calefacción) Fue esa la época en que disfruté del tiempo libre comenzando a escribir.

Mis novelas infanto-juveniles no pasaban de las cien hojas y siempre en la línea de la aventura y lo romántico (piratas, vaqueros norteamericanos, reyes, etc.) Pero sólo tomaba esa actividad como un pasatiempo, igual que dibujar y pintar. Porque esta es mi otra locura. Estudié dibujos animados para la publicidad por correspondencia en Continental School sólo porque me gustaba, en aquella época era muy costoso hacer una película con animación en la Argentina, y no estaba muy desarrollada la producción de ese tipo de cine.

Escribía mis libros a mano y los pasaba a máquina practicando mecanografía. También los ilustraba y los encuadernaba artesanalmente. Pero no le daba gran importancia a mi creación. Sólo mi padre la valoraba. Un día me dijo si quería que los hicieran editar, pues tenía un compañero en el banco donde trabajaba que era yerno del dueño de una editorial, y yo le respondí que no.

Luego ingresé a la Universidad Nacional de Buenos Aires para estudiar Ciencias Económicas; quería ser contadora igual que mi papá (toda mi familia está plagada de contadores y abogados) Mi padre me sugirió que recapacitara, pues iría de contramano con las materias principales de esa carrera dado que había seguido en la “preu” bachillerato con orientación pedagógica, y no comercial como hubiera sido adecuado.

Una hija única como yo no se rinde, y continué la carrera con mucha, pero con mucha ayuda de mi padre, hasta que falleció cuando apenas me faltaban nueve materias para graduarme. Pero sin su auxilio y teniendo que trabajar, me resultó imposible continuar y la abandoné. En verdad me involucré con las Ciencias Económicas por ser rentable e igual a los de mi familia, pero era consciente de no tener esa vocación.

Trabajé en el Banco Shaw, luego en La Banca Nationale del Lavoro (ambos ya no existen) Después, me casé a los treinta y seis años, y preferí un lugar laboral cercano a mi domicilio, ingresando así, como empleada administrativa en el Hospital Israelita (quedaba a 14 cuadras de mi casa)

Al iniciar mi matrimonio tiré a la basura todo lo que había escrito, quería ser pronto mamá y comenzaba una nueva vida en la que no tendría tiempo para escribir y pintar. Pero, cuando mi marido se entero de que exilie por siempre mis aficiones se enojó arduamente. El era otro que también valoraba mi humilde obra.

Siempre me encantó escribir y dibujar, ¡me apasiona! Pero creo que mi autoestima estaba algo baja y ser novelista era algo raro en mi entorno. Probablemente eso me cohibía.

Actualmente no trabajo, y mi esposo me alentó para que volviera a escribir, y además financió la publicación de mi primera novela El Heredero Dormido. Como comprobarás, esto de escribir es algo que me ha tomado por sorpresa, algo no planeado. Algo que sometía inconscientemente pero que tarde o temprano tendría que volver a asomar

Mi marido Marcelino y mi hijo David Ariel son los grandes amores de mi vida.

Actualmente estoy escribiendo una novela súper romántica para adolescentes y jóvenes. Se llamará Un Bolche en mi Corazón y transcurrirá en la vasta tierra de Rusia, en el tiempo del último zar y de la revolución bolchevique. Si bien tendrá pasajes simpáticos para desdramatizar un poco y no aburrir, será para llorar bastante. Al menos eso pienso por el momento, tal vez sobre la marcha decida otra cosa.

Me he metido en un laberinto de madre mía con este nuevo proyecto, pues el argumento transcurre, en su mayor parte, dentro del Palacio de Invierno de San Petersburgo y he extraído información de su interior y de cada integrante de la familia real con gran lujo de detalle. Vincularé personajes de ficción con los que fueron reales e históricos. Y mostraré los pros y los contras de las distintas variantes políticas, procurando no involucrarme con ninguna. Sólo lo aprovecharé para dar realismo al argumento.

Los tiempos del último zar Fueron instantáneas salvajes, brutales e inadmisibles que de algún modo debían estallar y cuando al fin sucedió, como es de costumbre, los cambios se fueron al otro extremo. Pero a este futuro libro le corresponde otro lugar y otro momento si es que soy capaz de armar tal rompecabezas jajaja

En cuanto a los autores y a los libros que de alguna manera me han formado y me han seducido con diferencia hasta el día de hoy se podrían enumerar en el siguiente orden

Gustavo Adolfo Bécquer - Rimas - Leyendas
William Shakespeare – Romeo y Julieta
León Tolstoi – La Guerra y la Paz - Ana Karenina
Graham Phillips – Robin Hood
Walter Scott - El Talismán – Ivanhoe
Charlotte Brontë – Jeane Eyre
Emily Brontë – Cunbres Borrascosas
Jane Austen – Orgullo y Prejuicio
Louisa May Alcote –La saga de Mujercitas
C. S. Lewis – La saga de Las Crónicas de Narnia
Poldy Bird – Cuentos para Verónica
Isabel Allende – La Casa de los Espíritus
Daniel Still - Zoya
Stephenie Meyer – Toda la saga de Crepúsculo

Como habréis podido apreciar, la mayoría son juveniles, de aventuras o románticos.

Mi otra pasión es el amor por el cine y muy concretamente me suelo abrazar muy emotivamente a todas las películas de animación, especialmente a las de Disney (La Bella Durmiente y La Espada en la Piedra son mis favoritas), creo que por ellas y la herencia de mi madre, me gusta dibujar y pintar. Cuando tiré mis viejas novelas, también doné mis cuadros en óleo al Ejército de Salvación que queda a una cuadra de mi casa y los vendieron en una feria de recaudación de fondos para un geriátrico.

Creo que ya agoté todo cuanto tenía por decir sobre mí misma.

Un gran saludo
Liliana Hilda Luna (L. H. Moon)

A continuación os dejamos los venditos y siempre buscados enlaces de las tiendas virtuales donde podréis hallar esta magnífica narrativa de aventuras medievales que han de ser como unas navidades para cada uno de los días que nos anudan y en la que tejemos esa vida que nos ha sido concedida:

En Lulu.com con el 30% de descuento

También se exhibe en Google y pronto también en Barnes.

Me acompañas en una inmersión de fantasía por donde la imaginación nos va anclando entre emocionantes conquistas de traiciones y amores de otros tiempos que fueron las semillas de cuando éramos enanos y en ocasiones quedábamos encarcelados por la angustia al ser arremetidos involuntariamente contra las pesadillas, pero menos mal que nos llegaban otros titanes al volver a soñar, y anhelantes esperábamos ser rescatados por nuestros imaginados héroes de cada una de las islas más negras de aquellos arrecifes recién afilados para ser llevados a otros palacios flotantes a lomos de unos caballitos de mar hacia los corales de amatistas donde una llave dorada encajada sobre nuestro diario personal aun sigue siendo la cadena indivisible y etérea que une nuestras edades como el más apreciado de los tesoros.

Y a renglón seguido nos sumergimos en los dos primeros capítulos para redescubrir y recordar lo que una vez fuimos. Y sea que en estas horas que ahora nos otorgamos nos puedan ayudar a reflexionar hasta donde nos queramos acercar sobre un mañana que espera paciente un único camino en la senda de la estela que tus pasos decidan emprender.

Os recomiendo encarecidamente acudir a este enlace antes de iniciar la lectura de los dos siguientes capítulos porque es como para no perderse un magnifico Booktrailer sugerentemente adornado para la ocasión sobre un hermoso montaje con unos gráficos artesanales acompasados de una increíble melodía que marca los ritmos en la espera entre la antesala y unas respiraciones contenidas desde las filas de vuestras butacas frente a un teatro que se ha de abrir bajo otra percepción a través de sus imágenes en un escenario creado solo para vosotros en YOTUBE; digamos que sería algo así como hornear el pavo de acción de gracia sin sus especias de siempre ¿Tu te lo comerías? Yo te aseguro que no le hincarías el diente a tan triste manjar, no seas perezoso y sazónate a gusto sea pues tanto tu guiso y tanto aun más tu imaginación.

http://www.youtube.com/watch?v=RG6t2DhQ5tQ


SINTAXIS DE LA OBRA.

El Heredero Dormido
L. H. Moon

Un príncipe medieval es maldecido pero, al revés de lo que sucede en todo cuento de hadas, el beso de su gran amor no romperá el hechizo, sino que lo matará, y todo esto lo descubre a los diecisiete años de edad.

Novela fantástica con destellos del género de caballería. Inicia con un lenguaje simple, casi infantil, por tratarse de la continuación de un cuento que sí lo es; La Bella Durmiente.

EL comienzo es la transición a lo que luego continuará como un libro apropiado para lectores mayores de 11años y de ambos sexos pues, si bien hay una fuerte connotación romántica, coexisten: el misterio, las intrigas y mucha acción (Cacerías maravillosas, guerras entre reinos, rudos torneos y batallas espirituales)

Y sin más preámbulo entre redobles de tambores ya llegó la hora de dar comienzo a la función.

Adelante. Pasen y acomódense.

1
El
Heredero
Dormido
L. H. Moon
INTERNATIONAL WINDMILLS EDITIONS
CALIFORNIA - USA - 2010


La dedicatoria y agradecimiento
por tanta paciencia y aliento son para:
mi consorte, mi hijo y mi amiga,
que corrigió esta obra

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I. Boda, coronación y peligro
Había una vez, hace muchísimos años, quizás en los albores de la
edad media, dos reinos vecinos constituidos como los más grandes del
mundo conocido hasta entonces.
Sus monarcas abdicaron voluntariamente a favor de los hijos. Y
cuando estos, el Príncipe Felipe y la Princesa Aurora se casaron, también
fueron coronados para gobernar aquellas vastísimas tierras resultantes de tan
feliz fusión.
Una numerosa orquesta, famosos trovadores, malabaristas y bufones
animaban la celebración. Junto a tres largas mesas atiborradas de manjares y
ubicadas en U, se acomodaban los allegados a la soberana familia, que
lógicamente ocupaba la cabecera.
Y desde lo alto de un palco preferencial, las tres hadas madrinas
contemplaban satisfechas el enorme salón de baile, donde el flamante
matrimonio real danzaba en medio de la muchedumbre, ajeno a toda rigidez
protocolar. Pero, ya nadie las recordaba por sus nombres, ahora las apodaban
según el color de sus vestidos.
— Expulsada Maléfica, probamos nuestra supremacía –se regocijó
Carmín- y controlaremos el reino por mucho…
— ¿Tiempo? -interrogó Esmeralda, aguardando en vano el fin de la
frase. Y siguiendo el curso de su mirada, no menos turbada, exclamó- ¡Oh,
no! ¡Otra vez no!
— ¿Qué habéis visto: un espectro? –ironizó Azul, pero al comprobar
que tras las columnas se desplazaba sigilosamente una silueta delgada,
alarmada mas no acobardada, determinó- ¡No, por supuesto que
no! Le impediremos cualquier patraña ¡Indaguemos qué se propone!
El Heredero Dormido


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Y empequeñeciéndose cual luciérnagas, volaron tras ella con mayor
sigilo aún.
— ¿Te has enterado Estéfano? –preguntó el bajo y obeso padre del
Rey Felipe- La romántica historia de nuestros hijos, de boca en boca recorrió
la tierra. Por doquier la conocen como “la Bella Durmiente del Bosque”.
— Lo sabía Humberto, lo sabía. –respondió su consuegro, que era
alto y delgado- Aunque nadie imaginó que les cederíamos los tronos, advertí
ciertos aportes regionales que la enriquecieron, no obstante no ser verdad.
— ¡Cierto! Ninguno sospechó que junto con la boda se celebraría la
coronación… Mas todas las versiones concluyen diciendo: “Y vivieron
felices para siempre” –hizo notar Humberto, mientras las esposas de ambos,
Premura y Prudencia, emocionadas enjugaban sus lagrimas.
— Tampoco eso será verdad –masculló sin dudar la silueta oscura y
escuálida, pero sin salir del sector umbroso que había tras las columnas,
donde el resplandor de las antorchas apenas llegaba.
Sorprendiéndola, las lucecitas roja, azul y verde le revolotearon
alrededor, y la redujeron a su mismo tamaño.
— Queremos hablar contigo, pero discretamente, ven -le comunicó
Azul, tironeándola para que volara.
— ¡Gehena! ¿Que haces aquí, tú, un hada de las sombras? – dijo
Esmeralda, enérgica, una vez que la trasladaron a lo alto de una enorme
araña de hierro que pendía del techo, colmada de gruesas velas encendidas.
— ¡Sí! Justamente en una fiesta a la cual jamás te hubieran invitado
–chilló Carmín, aunque sus voces nadie más que ellas las escuchaban, porque
también habían disminuido.
L. H. Moon


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— Sé que no soy bienvenida, y no me importa. Estoy inspeccionando
el reino que será mío –declaró la intrusa.
— ¿Y pretendes el más grande? -ironizó Esmeralda
— ¡Jamás lo lograrás! –la menoscabó Azul- Hemos marcado el
territorio y no podrás contra nosotras.
— Invocando los poderes de Lucifer, Maléfica mutó en dragón,
¡mas la vencimos! –le enrostró Esmeralda.
— Sí, tengo una jerarquía inferior, pero vosotras seréis humilladas
cuando él apruebe mi propuesta, pues os superaré y respaldaré a la hechicera
reinante.
— ¿No la suplantará otra hada? ¿Quién pretendería ese trono? –dijo
Carmín, buscando más información y soslayando las agresiones- En aquel
territorio no hay súbditos humanos, todos son demonios, y tampoco ha
dejado discípulos…
— ¡Hay una heredera! Por ahora ignora tal privilegio y su futuro de
bruja, pero pronto será la peor de todas… y desde nuestro reino someteremos
al que vosotras intentáis proteger ¿Me habéis comprendido, grotescas
criaturas? -anunció la inicua, concluyendo con una escalofriante carcajada
que las consternó en un principio, pero luego las sublevó.
— ¡No te burles, tonta arrogante! -gritó Azul, dejando con su varita
una brillante estela de colores en el aire.
— Solamente deliras, y continuarás siendo un ser inferior –le auguró
Esmeralda, provocando también nubes mágicas.
— ¡Esto siempre será nuestro! -insistió Carmín, y con su virtuosa
arma llegó a los mismos fulgores que sus pares.
El Heredero Dormido


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— ¡Vete de aquí ahora! –le ordenaron a una voz, y en un desparramo
cromático de luces sobrenaturales la esfumaron.
La discreción deseada se transformó en una explosión de polvos
encantados que saltaban de la araña cual fuegos artificiales. Y nadie
sospechó la gravedad de cuanto sucedía.
— ¡Qué sensacional espectáculo! –exclamó Felipe, maravillado sin
dejar de bailar.
— ¡Picaruelas! Ha de ser una ocurrencia de mis buenas haditas, que
nos quieren agasajar –intuyó Aurora. Y todos los demás disfrutaron y
aplaudieron, porque también así lo creían.
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II. Gema, la heredera incauta
Luego de una larga jornada viajando a lomo de burro por
placenteros caminos, Gema dejaba atrás pintorescas montañas nimbadas de
nubes, rumorosos manantiales, melodiosas aves, coloridas y perfumadas
flores.
Cuando el sol se ponía y el crepúsculo enrojecía el cielo, llegó al
límite dónde comenzaba el reino habitado por los espíritus del mal. Por
supuesto que ella desconocía este último detalle, pero el animal se empacó.
Desconfiado husmeó el aire, y con ojos inquietos escudriñó palmo a palmo
su entorno.
La sequía agrietaba la tierra, plantas espinosas y árboles sin vida
apenas se mantenían erguidos. Todo respiraba a muerte, hasta el silencio era
turbador, y nada lo quebraba; ni el aleteo de un pájaro, ni el zumbido de un
insecto.
— ¡Arre, arre! No te detengas burrito, que ya estamos en la frontera
y falta poco para llegar –con voz lastimera la joven le palmeaba el cuello y
lograba convencerlo. Lentamente y con cautela continuó avanzando, hasta
que brillantes globos transparentes y de tenues colores, se elevaron por detrás
de una marchita enramada.
El asno volvió a detenerse acechado por las redondas apariciones,
que multiplicándose como plaga se acercaban para inspeccionar. Y al
sentarse aquél súbitamente, hizo que la desprevenida muchacha resbalara y
rebotara un par de veces su trasero en el polvoriento suelo.
— ¡No seas miedoso, sólo son pompas de jabón! ¿Qué daño pueden
hacerte? –comprobando que eran de balde sus ruegos se incorporó, lo sujetó
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por las riendas, y regañó a su hocico - ¡Terco, cabeza dura, burro, más que
burro! ¿Qué pretendes? ¿Acaso quieres que la noche nos encuentre aquí?
Pero abriendo muy grande los ojos, como espantado por un
fantasma, el jumento se levantó. Lejos de obedecerle giró hacia el lado
opuesto arrastrándola por tierra nuevamente, y liberándose huyó dando
coces y rebuznos.
— ¡Vuelve aquí, te lo ordeno! ¡Ven, no me dejes…! – poniéndose de
pie, lo llamó por última vez poniéndose de pie.
Resignada se sacudió la ropa, colgó del hombro la mochila que
estaba caída, abrazó a su muñeca de trapo, y por fin captó lo que tanto había
perturbado al pollino. Una carroza negra con seis caballos no menos oscuros
y un cochero esquelético, misteriosamente la estaban aguardando.
— ¿Y tú, de dónde has salido? ¿Cómo es que no te he visto llegar? –
preguntó extrañada la muchacha.
— Aquí todo sucede así, de modo especial. ¡Despreocúpate del
cuadrúpedo mal educado! Yo te llevaré a destino –ofreció el alto anciano
cadavérico y de voz gutural.
— Gracias, ¡qué oportuna es tu compañía! –respondió alegremente y
sin temor, impidiéndole su insensatez advertir el peligro.
Luego, los globos volaron hacia el trono del hada de la oscuridad,
deteniéndose en los escalones que le precedían, explotando y adoptando raras
formas. Esa multitud de seres que no superaban el metro y medio de estatura,
eran espíritus malignos, cuyas características particulares manifestaban la
iniquidad específica que ejercían.
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Pero tres esferas quedaron a un lado del portón sin entrar al salón
real; eran las hadas de La Bella Durmiente, que mimetizadas espiaban los
planes que allí se tramaban.
— No nos mostraremos tal cual somos -dijo Carmín normalizándose,
pero reducida otra vez cual luciérnaga.
— Tampoco como globos -añadió Azul- y haciéndonos invisibles
nos descubrirán si deciden imitarnos
— ¿Y en qué nos transformaremos sin que sospechen? ¡Aquí no hay
vida natural! –cuestionó Esmeralda.
— En verdad no hay plantas ni animales, pero sí rocas –les advirtió
Carmín, y mediante su varita mágica, operó el cambio.
— ¡Es increíble! –exclamó una de las tres nuevas piedras, ubicadas a
las puertas del tétrico salón- ¡Regresó Maléfica!
— Jamás, y por ninguna razón, ha de conocerse este descubrimiento
en el reino que protegemos –determinó otra.
— ¡Por supuesto! En caso contrario nos creerán ineficientes, inútiles,
¡estúpidas…! –reconoció la tercera, pero pronto todas se silenciaron, pues el
cuervo que descansaba sobre el báculo de la malvada, presintiendo
anomalías voló por arriba de las tres piedras, retornando a su lugar una vez
constatada la inexistencia de peligro.
En cambio aquella nada sospechó, pues su asistente rondándola
servilmente la acaparó. Esta criatura escuchaba cuanto podía con cuatro
orejas, fisgoneaba todo con tres ojos, y por turno chismeaba con dos bocas,
aunque a veces, apasionada, se interrumpía tornándose incomprensible.
— ¡Cuéntame las noticias, Soplón! -interrogó el hada sombría- ¿Qué
opinas de tu futura monarca? ¡Ya, dime!
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— Es tonta, ¡pero muy mucho! ¡Más de lo imaginable! El animal en
que viajaba la superaba en cerebro ¡Y eso que era un burro débil por la vejez,
el cansancio y el hambre!
— ¡Mm, qué bueno, eso es conveniente! -murmuró ella.
— Su asno enseguida nos reconoció como abalorios inteligentes, y la
muy boba nos confundió con pompas de jabón. Además, sin temor y radiante
de felicidad, ingresó a la carroza fantasmal que le enviaste. ¡Pronto ha de
llegar!
— ¿Entonces, no hubo complicaciones? –tranquilizándose al ver el
movimiento de cabeza conque su secretario se lo aseguraba, y suspirando
maravillada acotó- ¡No lo puedo creer! ¡Sí que es idiota…! Sin dudas nos
entenderemos.
— Mis orejas detectan un carro en el puente levadizo –avisó Soplón
por una boca, y con la otra vaticinó- ¡Es ella!
El cuervo no era más que un espectro, y voló hacia el alféizar de una
ventana regresando pronto a su dueña, confirmándoselo con chillidos que la
acústica multiplicaba.
— Entonces, cambiaré mi apariencia por una menos temible, aunque,
¡esta tonta nada advierte! –manifestó Maléfica disminuyendo la altísima
estatura, mudando su fiero rostro por el de una anciana inexpresiva, y
transformando el cornudo tocado en un simple bonete. Con la rapidez de un
parpadeo, volvió a ser la misma que el año anterior se había infiltrado en el
casamiento de la bella durmiente.
— ¡Oíd! Os anuncio la llegada de Gema, la absoluta heredera de este
reino –golpeando un gong comunicó el sujeto de aspecto sepulcral, que al
ingresar al salón monárquico, súbita e inexplicablemente trocó su uniforme
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de cochero por una obscura túnica con capucha, y portó una segadora de
cuchilla corva enastada en un largo palo.
— ¡Sí, Guadaña! ¡Pronto, hazla pasar! –autorizó el hada tenebrosa,
aparentando respeto y esperándola de pie junto al trono como si se lo
estuviera lealmente reservando.
También la dañina muchedumbre, simulando honrarla le abrió paso,
a fin de que pudiera ascender al enorme sillón real. Pero al entrar la joven, y
luego de cohibirse ante la enormidad de la pétrea habitación, sólo extendió
tímidamente un documento a la anciana.
— Me llamo Gema y soy analfabeta, no obstante, quienes saben leer
aseguraron que fui citada para vivir aquí –rompiendo el silencio con pausada
vocecita- ¿Es eso cierto? Pues gasté mis escasos ahorros en la compra del
burro que me trajo, y para colmo de males se me escapó.
— ¡Eres muy bienvenida! –abrazándola, y con una mueca de alegría
que pronto desapareció de su faz- Me temo que estás algo desinformada. No
sólo vivirás aquí, sino que reinarás estas tierras, y algún día también muchas
más.
— ¡Entonces, era verdad! Cuando me lo dijeron no lo creí, imaginé
que se burlaban –pensó en voz alta, y cuestionó- ¿Cómo puede ocurrir esto?
Soy una simple campesina, y la familia que tuve también lo fue…
— Hace cuatro generaciones uno de tus ancestros ocupó esta silla,
y… –relató abriendo sorprendida los ojos, al ver que sentaba en ella a la
muñeca, colgando la mochila con mayor irreverencia en su respaldo- y con el
obsequio del trono, agradeció a un hada la sanidad que operó en su
primogénito moribundo. Por supuesto que aquella en principio lo rechazó,
¡más ante tanta insistencia…! No obstante, creímos correcto devolvértelo y
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colaboraremos para que tu gestión sea óptima. ¡Verás que todo saldrá de
maravilla!
— ¡Nooo! Yo no sirvo para esto…-remoloneó
— ¡Sí, sí servirás!
— ¡Soy bruta e ignorante! –extendiendo sus miembros superiores
en un ordinario desperezo, para descontracturarse luego de su largo viaje-
¿Por qué no lo entiendes?
— ¡Claro que lo comprendo! -con resignada indignación reconoció
el hada, después de echar otra mirada al desacreditado sillón real, dónde
ahora la futura reina dejaba sus desvencijados y malolientes zapatos, sobre
los apoyabrazos- ¡Y continuamente lo estoy confirmando!
— Apenas me atrevería a mejorar el terreno; ¡que por cierto, está
demasiado abandonado! Cambiando el sistema de irrigación podría cultivar
algunas plantitas y…-sugirió, sin imaginar que su condición se debía a que
estaba maldito.
— ¡No, no y no! ¡Serás coronada y garantizo tu éxito! Hay diez de
esta multitud que te asistirán -y dirigiéndose a las extrañas criaturas,
determinó- ¡Despejad pronto los peldaños, quedando sólo la corte de los
peores!
— Aún siendo diez, ¿cómo podrán los peores ayudarme a gobernar?
-cuestionó confundida con su aire de imbecilidad, mientras todos obedecían
la orden.
— ¡Linda! Para ti serán los mejores, y para tus oponentes los peores;
¡los más temibles e implacables! -enfatizó para darle confianza, mas
cuidando de no asustarla comentó- Estos picarones hacen toda clase de
travesuras, pero además tienen su especialidad, ¡y créeme, en lo suyo son
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excelentes! –luego, orientándose hacia los selectos demonios indicó-
Prominente séquito de la corona, animad a la heredera con vuestras proezas.
Así fue cómo, fingiendo ser divertidos, se fueron presentando luego
de que ella se sentara en un escalón:
— Puesto que soy Politeo, a falsos dioses promuevo.
— Y a sus imágenes reverencia, dice Renegón con insistencia.
— El nombre de mi Rival tomarás en vano, ¡yo lo decreto, como que
Impío me llamo!
— Aquí tienes a Profano el famoso, para olvidar el día de reposo
— Si deshonra de padres es el fin, ¡confía! Siempre contarás con
Ruin
— Por ser mi nombre Criminal, digo: ¡mata y vuelve a matar!
— ¡Adulterio, gran celebración! ¡Festeja con el desleal Felón!
— ¡Como Caco no hay igual, si la consigna es robar!
— Podrás a Falaz recurrir, al ser necesario mentir.
— Ambicioso será asistente muy confiable, para codiciar lo ajeno y
censurable.
A pesar de su simpleza, algo inquietaba a Gema. Renegón, paladín de la
rebelión idolátrica, parecía un tótem mitológico. Falaz, poseía cabeza de
serpiente con lengua bífida pronta para el engaño, y una tupida cola de zorro
que movía contento ante el éxito de sus trampas. Ambicioso, mostraba seis
fortachones brazos con los que detentaba cuanto apetecía. Y así, no obstante
procurar ser simpáticos, todos resultaban horrendos, pues su particular
maldad interna se manifestaba en su apariencia externa. También Gehena la
hacía dudar, porque sus gestos amables al hablar, tornaban a su pasmante
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frialdad cuando concluía. Y ahora, hasta el nuevo atuendo de Guadaña le
causaba mala impresión.
— ¿Y ahora, qué opinas de tan magnífica exposición? -preguntó el
hada oscura, acercándose a la dispersa heredera- ¡Eh! ¿Qué sucede? ¿En qué
piensas?
— ¡Oh, perdóname! –se disculpó poniéndose de pie- ¿Escuché bien?
¿Estos diez están transgrediendo reglas?
— ¡Fantástico, lo has comprendido! ¿Ves que es fácil?
— Quisiera conocer al Artífice de las diez leyes a las que esta corte
se opone ¿Podríamos hacerlo venir? Así conversaríamos acerca de sus
errores… -propuso la bien intencionada ignorante, desconociendo que la ley
era perfecta y sus violadores, inicuos.
— ¿De sus qué? ¡Ya me fastidiaste! –exclamó enojada la anfitriona,
arrojando con su báculo la mochila y calzado del sillón- Primero profanas el
trono usándolo de perchero y ahora, en vez de reparar en quienes han de
sostenerte, te interesas precisamente en Aquel que aquí jamás nombramos.
El cuervo, asustado voló al hombro de su dueña y el asistente con
disimulo aconsejó: — ¡Cálmate y usa la magia, tú puedes impactarla!
— ¿Y este cúmulo de trapos, qué es? –crispada, alzaba la muñeca y
se le descongelaba el rostro.
— ¡No, con ella no! –suplicó acongojada
— ¿No crees estar grande para jugar con muñecas?
— Es más que eso, es mi única amiga, mi confidente y consuelo. Por
ser tonta y aburrida, todos me abandonan, pero, mi Mumi siempre sigue fiel.
—Esta cosa, ¿es “tu Mumi”? -dijo entre carcajadas.
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— Soy huérfana, y no queriendo exagerar diciéndole mami, decidí
llamarla Mumi… Te ruego me la devuelvas -llorando con desconsuelo
— ¡Devuélvesela! –otra vez se entrometió su secretario por medio de
una boca, y con la otra le recordó- ¡Usa tus poderes!
— ¡Ya basta, deja de fastidiar tú también! –murmuró molesta por las
sugerencias que sonaban a órdenes, pero recapacitando, nuevamente en voz
baja determinó- Soplón, ¡entra en ella! Por un rato serás Mumi.
— ¿Qué? –preguntó él, desconcertado y al unísono, cuando vio que
arrojaba la muñeca al suelo.
— ¡Pronto, hazlo! –insistiendo fue obedecida, pero la muchacha no
lo advirtió, pues cubría con las manos su rostro bañado en lágrimas.
— ¡No! ¡No llores más! Ahí tienes a tu Mumi… -manifestó Politeo,
acercándose y simulando consolarla.
— ¡Mira, te la está devolviendo – también fingió Renegón, y en tanto
Gema se empeñaba en no llorar, la vio levantarse del suelo.
— ¡Mi Mumi! ¿Puedes andar? –preguntó restregándose los ojos, para
confirmar que cuanto sucedía era real.
— ¡Sí, aquí estoy! –le respondió la muñeca acercándose a ella para
abrazarla.
— ¡Eres tan lenta de entendimiento! ¡Compréndeme, yo soy tu hada
madrina, la protectora de este reino, y mi poder es superior al de cualquier
otra! Si logré que una muñeca hable, camine y te abrace… ¿Por qué no podré
ayudarte a gobernar estas tierras que por derecho te pertenecen? –dijo,
retorciendo el razonamiento de quien emocionada besaba y apretujaba a su
incondicional amiga de trapo.
El Heredero Dormido


15
— De acuerdo, pero… tu cuervo es feo. No quiero ese bicharraco en
mi corte. Me… me asusta. Prefiero un papagayo; tendría lindos colores y
sería más divertido.
— Bien, hágase así –ordenó el hada, tocando al ave espectral con su
báculo mágico, y obteniendo la transformación.
— ¡Qué bonito es! –exclamó la muchacha, aún más embobada por
la novedad.
— Ahora el cambio también ha de llegar a ti –hizo notar la anciana –
Esos andrajos no son dignos de una soberana
— Vísteme a tu gusto ¡Todo lo que haces es maravilloso!
Con otro movimiento de su encantado instrumento, la atavió
suntuosamente de negro, violeta y oro, y también hizo aparecer de la nada un
imponente espejo.
— ¡Es demasiado oscuro! –cuestionó observándose
— Es perfecto para tu rango, infunde seriedad y respeto –la macabra
diseñadora refutó concluyente.
— ¡Estás muy elegante! –añadió la muñeca.
— Si tú lo dices, Mumi, ¡pues, está bien! –aceptó la heredera
— Mi nombre es Gehena –mencionando el que ocultaba a Maléfica
cuando tomaba la apariencia de abuelita- Lo adoptarás para reinar. Con él ya
nadie habrá de burlarse, ni se atreverá a considerarte tonta o aburrida. Desde
hoy todo el mundo te honrará y hasta tendrá temor de ti.
— ¡Sí, sí, apruébalo! Ya es hora de que la suerte te sonría –otra vez
la convenció el diabólico juguete- Además, los nombres se oyen parecidos...
— Si así lo crees, lo apruebo también.
L. H. Moon


16
— Aún falta modificar algunas cosas. El hábito no hace al monje, tu
interior sigue igual –se apuró a decir el hada, aprovechando que la heredera
incauta tenía el “sí fácil”.
— ¡De acuerdo! ¡Cámbialo también! Lo dejo en tus manos, haz de
mi lo que te plazca.
Antes de que pudiera advertirlo, la cruel criatura entró en aquella
haciéndose invisible, y a través de una execrable posesión, se apropió de su
absoluto control. Las facciones de la ingenua Gema continuaron siendo las
mismas, pero el gesto de su boca se agrió, oscuras ojeras ensombrecieron su
mirada ahora irascible, y la maléfica bruja Gehena, de inmediato se puso en
acción
— Soplón, deja de ser Mumi, abandona esos trapos, y tú, papagayo,
vuélvete cuervo -ordenó, mas arrepintiéndose de su última decisión, corrigió-
¡No, no! Un cuervo hará recordar a Maléfica, y no puedo permitir ni una sola
sospecha. Mejor te transformaré en búho y nadie descubrirá mi secreto. ¡Sí,
sí! Conviértete en búho.
Y todo sucedió conforme a su voluntad, en tanto, el chofer y
mayordomo se acercaba para felicitarla por sus progresos: —Mis más
sinceras congratulaciones. Has legitimado tu reinado por otras cuatro
generaciones.
— Cuando mi plan alcance su cumplimiento final, he de gobernar
para siempre en estas tierras y también en muchas más. ¡Sojuzgaré a un
imperio! ¿Y por qué no al mundo? –hizo saber Gehena, tomando una tiara
del cofre que él le extendía, y coronándose a sí misma añadió con gran
placer- ¡La muy tonta me autorizó todo!
El Heredero Dormido


17
Con el violento agitar de su cetro mágico, creó una hoguera en medio
del salón, quemando en ella las pertenencias de su víctima, y en torno a la
cual la honraron danzando los espíritus del mal. Finalmente, con gran
fruición y solemnidad, se sentó en el trono, disponiéndose a contemplar la
celebración. Y nunca advirtió que tres piedrecillas rodaban misteriosamente,
aumentando su velocidad hasta salir de los límites del maldito reino, dónde
Carmín, Esmeralda y Azul recobraron el aspecto habitual de hadas.
L. H. Moon

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Liliana Hilda Luna (L. H. Moon)