sábado, 8 de enero de 2011

Diarios de viaje. Confesiones desde Guilin.

Hoy me mudo hasta Guilin la caucásica con sus picos indefinidos y apretados de guijarros amorfos donde se abren camino las frondosas raíces enmarañadas por entre los calizos macizos que se estrellan siempre contra las infinitas miradas que quedan abducidas cuando germinan nuevas fuera de los cuencos como brotes de argentas que ensanchan las visiones aletargadas bajo los parpados enanos que nos acompañaron en la estatura cuando esta fue menuda e inocente.

Y otro rio me ha seducido a escondidas bajo un seudónimo abreviado y sonoro como las cascadas que le crecen de afluentes vertebrados que enaltecen su caudal donde los maestros navegantes acuñaron la idea de recordar a todos los marineros difuntos que engrosaron los rosarios y las losas de fango con algas en los fondos escarchados entre bóvedas de amebas y corales con timones con muecas que los capitanes de navío ofrendaron como coronas de unas lapidas huidas y sumergidas en temporales que hicieron añicos y ascuas los veleros.

Duerme sobre Beijing bien anclado en el gran lago del palacio de verano ese gran mausoleo erguido en honor como memoria hasta todos los hombres extraviados sobre las victorias de naufragios no acaecidos en suelo firme y plano; no saben estos pies rodar por los mundos de fuera de las aguas, serian como almas ambulantes perdidas.

Y no han de ser los tiempos de malos los augurios cuando por sufrir ya lo hicieron en exceso las familias con las perdidas aventuradas en las soledades de las tempestades blancas y duras como el vasto monumento esculpido sobre piedra santa, el gran barco de mármol en homenaje a todo lo que quedo sepultado sobre el rio Li de camino hacia Yangshuo.

RRD.