domingo, 21 de agosto de 2011

MANIFIESTO.

Os recordare siempre desde Bombay porque allí me quede.

Por donde los nombres nos asaltan y nos tientan con sus coronas de silabas como perlas y turquesas selladas de orígenes para conocer sus enigmas y los misterios tan olvidados.

Arianna, tan sonoro e hirviente. Amanda, sencillo, armonioso y tan cercano. Cleopatra, la amazónica egipcia, castillos, reinas y héroes. Azul, estático, mi preferido como Azul de Inés de María, armonioso, arrítmico y tan recargado de Francia, pero hoy como hundido y perdido en las religiones cristianas.

Petra, como la ciudad de piedra mas amada incrustada en la heroica roca tan elevada y deforme, tan alejada.

Y por donde se nos evapora la razón. Ahora en Bombay.

Hasta en las más míseras vidas que nada tienen y nada envidian; ellos, los mismos que siempre sonríen y agradecen nuestra presencia.

Que maldad habrán de poseer con la carencia de tanto en estos humildes gigantes de la impropiedad de solo abastecerse de salmos cuando les son leídos o contados.

Se hallan tan carentes de ingenio y de picardía en una bóveda de chabolas demacradas cuando solemnes viajan descalzos sobre sus pies sin mostrar el menor interés por lo que crece fuera de un entorno tan estéril como inerte a sus ojos, tan hambrientos, tan desnudos, tan esenciales en recordarnos a nosotros mismos sobre el otro lado de los prismas vertiginosos y afilados.

Ellos son solo espejismos desterrados, solo sed y hambre, burbujas de aire inexistentes, transparencias recolocadas en el olvido, los esclavos a un tiempo equivocado.

Nadie, nadie les consulto la vocación o los gustos, no han copado derramados en esta virtud de suerte que se reparte inexacta tantas veces en quienes menos la merecen.

No, nadie les instruyo en nada, son sombras anónimas oscurecidas, y por no corresponderles no gastan ni los nombres cuando no les fueron asignados. Ellos existen lo que ocupan, los ojos, los huesos, la elástica piel ahora pellejo caído al suelo. Y los dientes se han fugado de las encías dejando huérfanas las lenguas, las palabras, las expresiones, los paladares, los gestos enteros.

De viento y polvo están hechas las volcánicas sonrisas de los rojos secuestrados labios hinchados de sangre y lodo recogido en los barrizales sobre el bazar de Choor.

Me gusta la hegemonía que se absorbe en los contornos que delimitan el barrio mochilero de Colaba adscrito al distrito en la entrada a la bahía frente a la misma puerta de la India ataviada en la magnificencia del hotel más lujoso y descarado que he conocido, tan coqueto y presumido, tan cónico y enmarcado en su frac con pajarita negra como vestido de gala sobre la humedad creciente de la madrugada donde se sudan las lagrimas y la tinta si los piensas y les dejas arrinconarse en los andenes de tu memoria, y ya instalados nunca se te escapan estos Dobi Gats en los que nos lavan las almas de las recias costumbres occidentales ahora nuestros queridos indigentes en la tierra de los sin nada de mas allá de los Slums.

Y como ocultar el fulgor patriarcal que se me desprende hacia ellos al verles reaparecer nuevos sobre Colaba, imperiosos como insurgentes, enraizados a las caderas, a las escasas hebras de los furtivos y alineados negruzcos dientes especializados en ajustarse a los horarios y a los imprevistos que mondan nuestras decisiones más extravagantes.

Es hoy que vuelve el sentido común a la cadena perpetua donde se nos ablanda el demonio que nos juzga los actos tanto que nos los amordaza al bozal de unas exigencias de obligado cumplimiento que no seducen ni ensenan ninguna virtud como un ejemplo al que acogernos para obsequiarnos en la digna conciencia extraviada en una extrapolada lealtad hacia la dignidad que nos encauza tan severa a un camino de honestas intenciones hasta restaurar y rescatar los consagrados juramentos para después emular y desaparecer en los atletas más desconcertantes y descomunales que he conocido, en los parias y en mis otros amigos, a los que no se han podido quedar a ser despedidos en los mas que debidos respetos con honores sobre coronas y un puñado de versos. Sea pues que valga de algo esta sencilla y torpe prosa cuando no puedo alcanzaros en las odas y en sus rítmicas y cantarinas estrofas que os acompañarían hasta el reino de los aturquesados cielos sobre la próxima reencarnación donde habremos de reunirnos a celebrar un ultimo sueño oculto tras un mensaje de cristal como un deseo, os deseo volver a amar desesperadamente en las únicas trincheras en las que me quedare siempre, en vuestro dolor, en vuestro apego a la vida, y en el nuevo significado como un estandarte restablecido, nadie puede ser vencido en la injustificada fuerza de la guerra impune de una violencia inquisitiva ahora impuesta a los hombres sobre las familias, sea pues que los hombres de mala fe sean quienes resuelvan sus disputas sobre ellos mismos aun más distantes y alejados de las religiones y sus contiendas personales entre anhelos de grandeza y ambiciones paganas.

Dejemos en paz a las familias del mundo comenzando por las de la India en la notable y agradecida ciudad de Bombay por entre sus más representativos ciudadanos como tanto los he conocido desde la Isla Elefanta hasta en el mismo corazón de Colaba y por entre los suburbios en los que no entrarían ni los ladrones más valientes.

Dejemos seguir creciendo en sana libertad a la democracia más extensa y vasta que hoy podemos conocer como una imperiosa realidad que supo hallar su justo lugar junto a Gandhi, a Nerhu, en Indira, en tantos otros colosos….

No se gana el respeto ni la independencia sumando violencia. No son los actos atravesados de sangre los recordados, son los nombres y las intenciones las que se quedan en la memoria de un país fuera de las armas. Se han quedado huérfanas las hojas y los huertos después de arar los campos vestidos de hortalizas, ya fueron extinguidas las espoletas de aquellas horrendas amputaciones clandestinas bajo la sospecha de los anónimos violentadores de la paz mientras se apresuraban en apilar mentalmente las suculentas ganancias elegidas de ante mano tan calculadas a conciencia por los perros de sus guerras.

Y yo os digo desde aquí un pensamiento al que evoco salvaje y furtivo

Ya estáis condenados al destierro más despiadado en la soledad más abundante. Ya no seguiréis ni en el mundo de los muertos, no habrá descanso, no habrá ni quien os otorgue el asilo en la patria de la humanidad, hasta en el inframundo más solemne seréis rechazados. No, no seréis recordados ni por los poetas, y aun menos por vuestros maestros instructores sesgadores de las suculentas vidas ahora errantes en la cola de los cometas a los que vemos pasar en los días que ondean y saludan a la llegada de las primeras nieves sobre un desfiladero que nos arria hasta el techo del mundo en Lasha sobre la espiritualidad del Tibet a lomos del Yeti por la Himalaya más profunda y laberíntica como la nueva tierra prometida a la que seréis enviados para volver a renacer en todos los seres sobre los cuerpos más transparentes donde por designio natural engendrareis a los mejores elementos que han de contener a las próximas razas encarnadas en vuestros vastos e incalculables hijos, a los mas legítimos a quienes ofreceré mi lealtad, la única que he conocido, la de la palabra y el cumplimiento, la única que necesito, aquella que usan mis maestros autores que son los que me han formado en esta estalactita de la palabra escrita precedida como hablada por entre sus eruditas bocas y sus amplios ojos que todo lo ven.

Yo tengo tanto por agradecer a las incunables nobles mujeres y hombres de bien, a cada una y por cada uno con quien me he cruzado en la más hermosa telaraña humana que se extiende sobre un Bombay tan carismático y entrañable como para dejarlo dormido en este sentimiento que me ha nacido bajo los pies en vuestra propia tierra al descubriros tal y como sois, gentes de bien y de paz.

RRD.