miércoles, 2 de noviembre de 2011

I-Destino. Viaje casual desde Celia hasta Pablo Neruda.

A continuación sonaran tambores, trompetas y guitarras para ir a celebrar la apertura de una caja con sorpresas e invenciones en un nuevo experimento literario con un índice de desvaríos tan descomunal que habrá de palpitar a ritmo de campana la imaginación con un único fin, el de no enloquecer en un delirio.

Dejarse acariciar por la libertad que nos entrega la imaginación es como reglarse un sueño salvaje para cuando se está despierto, y será que este escrito entre otros motivos ha sido creado para que pueda llegar a ser como una invitación que os podáis extender desde una mano hasta la otra para con vosotros mismos en el mejor testigo que os ha sido concedido, la dignidad.

Aclaración necesaria.

Hallaremos en el texto una especie de desvarió cósmico que se compone como una partitura sobre un vaivén de hechos reales que se suceden entremezclados unos sobre otros en un desorden intencionado y que pueden contener similitudes o en su opuesto contrario nada tendrán que ver entre sí.

Es a voluntad. A mayor esfuerzo menor recompensa desenterrara cada cual según interprete al ahondar en su criterio. Tal vez quise decir un contrario….

I-Destino. Viaje casual desde Celia hasta Pablo Neruda.

No puedo más que sentirme alagado –que miedo entrega este vocablo cuando se encuadra sobre una negativa por parte de ella en la petición de una primera cita al ser la respuesta siempre la misma, un no rotundo y contundente, tanto que no entra en el corazón, pero no desesperéis, ellas son como acertijos e incluso como laberintos donde antes nos ponen a prueba las intenciones y hasta la misma pasión, ellas son puro frenesí como brasas que no decaen.

Llegaras al darte completo por entre los pasadizos donde habrás de ser juzgado como un ser sincero o un farsante, y será entonces cuando se te revele un si verdadero por tu honestidad y tu educada insistencia.

La virtud que mejor viste contra la ignorancia es la paciencia construida con aquella esencia incorpórea arrimada a unas briznas de alegría, pero no la acompañes nunca con la aburrida y pesada seriedad, te huiría de las manos, hasta huiras de ti mismo --uf, como se le vuelca a uno el corazón

Ahora vuelvo al hilo de un encuentro casual.

Corría el mes de abril hacia un florido mayo de aromas ardientes sobre la raya de la media noche cuando se oyó el estruendo, aconteció a las veintiuna y treinta idos minutos cruzando a lomos de un tren de cercanías en el trayecto hacia la vuelta diaria hasta mi hogar en uno de los habituales días más comunes y cotidianos cuando hubo de aparecer esa suma de signos casuales con los que solo a veces el destino es capaz de obsequiar.

Suele suceder que entre ciertas manías personales que a todos nos azotan ocurra que eslabón a eslabón se inicia un circulo que aumenta en nosotros una empatía ascendente que va cobrando sentido en cada gesto y en cada palabra sobre un suceso concreto hasta llegar a coronar el broche que ha de cerrar la cadena con esos trocitos de anillos que cada uno inconscientemente ha labrado en los demás bordando una atracción inesperada como de cuento de Aladino que no se volverá a repetir; pero volviendo a retomar esa parte esencial que se conforma como un grano de avena ante todo lo que nos hace completos y únicos, habré de confesar con cierto apuro que mi pequeña manía dentro del mundo de los números son los múltiplos de tres, digamos que suelo relacionar ciertos hechos cuando acaecen y he de tomar una decisión sin mayor relevancia siempre que tenga que ver con este cosmos interrelacionado entre la aritmética y la vida en sí, aunque supongo que a estas alturas ya habréis adivinado que sin ninguna duda siempre me decanto por un tres, un seis, un nueve ….. En fin, un hecho sin ninguna importancia y que no trasciende más allá de una actitud sencilla que a mí me hace feliz y con la que siempre caso bien.

Corría el mes de abril hacia un florido mayo cuando en el interior de aquella locomotora inolvidable se apostillo un designio como destino final.

Anidada en el borde de las nubes volaba la imaginación al compas de unos pensamientos que se escurrían ensimismados admirando a través de la ventanilla un paisaje de sombras que se abocaba perfilando las siluetas en la oscuridad mientras como hipnotizado masticaba la idea de continuar la apetecible lectura de un libro al hilo de un ansia con esa voraz hambre que me caracteriza por querer ahondar no en si en el conocimiento sino en disfrutar de las vivencias y las reflexiones licitas bordadas por un buen autor y de camino ir a aprender un poquito más de narrativa --algo que tanta falta me hace por mi gran torpeza cuando me enfrento a solas sobre ese terrible vacio de las hojas en blanco-- Libro en mano, mano en el cabezal del asiento y decisión firme de comenzar la lectura frente a otra señora ejecutando la misma tarea, ocurrió, se sucedió como un rayo, calló a pulmón abierto; Celia se desplomo con una velocidad de vértigo contra el metálico reposabrazos para aparecer desparramada sobre un suelo en movimiento constante – y cuan torpes nos volvemos a veces— Claudia y yo aprovisionados con algo de compasión pero cortos de reflejos acudimos a calibrar su estado físico y emocional, pero no fue gran cosa, todo termino en un pequeño susto sin el mayor percance que un moratón y el conseguido dolor permanente.

Después nos ocupo el festejo de una tertulia tras las oportunas y necesarias presentaciones. Fue en este momento cuando decidimos ir a la celebración inaugural de un regalo etéreo como invisible que nos invade de orgullo personal e individual al conocer a nuevos seres ante el aura de misterio con la que somos envueltos en cada lugar e instante como un enigma.

Celia, nuestra humilde protagonista de ascendencia Chilena resulto ser paisana de Claudia, la señora sentada frente a mí en su buen hacer como una lectora ocasional también era chilena asentada en Vilafranca del Penedés pero natural de un Santiago de Chile con quien tengo una deuda pendiente puesto que allí quedan quienes me esperan.

Me espera alguien a quien he de ir a conocer en su profunda esencia como un legado dejado en la humanidad, a un portento ahora universal y padrino de todos los autores laureados y aun mas de los que no tienen patria, de los sin techo y demás allá de los Slums, de los de la tierra de los sin nada como ocurre en la ciudad de Bombay como la locomotora económica de un país tan intrínseco como la India, son realidades contrapuestas que se dan a escasos centenares de metros y que erizan la piel y le hunden a uno el alma en ese eterno instante, pero una vez fugado del dolor que abrasa las venas revisas la existencia y aun te amas mas para no olvidarles nunca jamás frente a la dignidad que muestran ante las adversidades de tener que elegir --hoy la vida y mañana la muerte-- nada mas les queda a excepción de la sonrisa y una resignación celestial mientras pasan registrando las horas los escuálidos cuerpos tan divinos por dentro. Venero y envidio sus rostros y más aun sus siluetas bordeadas de estrellas fugaces que vuelven a pasar una y otra vez por entre sus límites sagrados en el espacio que ocupan. He sido tan afortunado de estar acompañado en una vez, ahora sois vosotros los siguientes, los elegidos para volver desde ellos hacia vosotros mismos hasta siempre.

También me espera por esa tierra latente de la América profunda una gran amiga a la que le debo tanto; se le adivina una divina presencia repartida en varios seres comandados por una poetisa como bajada de los cielos en nombre de la madre de todos los ángeles cuyos versos son pan y vino en los desiertos lunares donde abundan los mineros tan valientes, tan acostumbrados a la solitud de las cavernas de la madre tierra, tan acostumbrados al cinc, y a los azufres, también al cobalto y al cobre, al basalto y a los cuarzos. Ellos son mis preferidos, los cuarzos tan exquisitos como nacidos para amar si se les habré después de aceptar la aspereza aparente que envuelve su estructura cuando se te estalla como dinamita decorada con luciérnagas migratorias del amazonas para la ocasión.

Claudia, Celia y yo fuimos coincidentes en esa admiración interior con la que poco a poco se queda sedimentada de gota en gota por cada ola en su huida, de grano en grano por cada brisa de arena repartida por el viento regado de voces, de gentes y de confesiones que surcan las noches desde todos los rincones de Chile.

Hay que querer a un país que nos dio cobijo, refugio, sustento y que nos ahuyento de nuestra cruda guerra civil con la que fuimos bendecidos para ir más allá de los infiernos, al inframundo donde todo deja de crecer, donde perder el sentido y el interés por uno mismo resultaba tan común y natural como la abrumadora preocupación carcelaria que monopolizaba nuestra desazón por quienes nos esperaban fuera de los gruesos muros de arena, sol y silencio frente a la vastedad infinita de los desiertos que alcanzan más allá del salitre.

Que atentos y espabilados estaban estos instruidos hombrecillos ocupados en nuestra custodia, hombrecillos carcomidos por el mismo sistema que Kafka supo expresar tan bien en su temerosa novela de sombras y episodios edificados para cortar el aliento y abortar la escasa felicidad con la que somos obsequiados para antes de ir a un homenaje personal para el que nunca estamos preparados. Solo es por designio y fuerza mayor que nos instala en la fosa de la paradoja institución miliciana que secuestra las almas a su hora al ser llamada y convocada por el único testigo con azada vestido de negro de muerte tan diáfana y diferente al luto tan riguroso y tieso de los hambrientos poetas de capa española de antes y de ahora, y de entre ellos yo mismo cuento como el primero en la inagotable lista de sueños incumplidos antes de volver al Edén prohibido que desde ahora inauguro abierto para todos los seres humanos que sean capaces de proclamarse mujeres y hombres libres de cualquier atadura celestial.

No, no honrare a más iglesia, ni a más catedrales, ni a ningún otro templo de culto.

Si, si entrare en todas a admirar la devoción y la firmeza, la misma de la que están faltos algunos de sus líderes cuando enmascarados tras los pulpitos aun siguen mintiendo y disimulan a mas altura de sus cabezas y sus pies, se les aplana tanto el coraje a estos cristianos paganos de agua dulce cuando no toman partido fuera de lo no escrito en los textos, y cuan distintos nos cortejan los otros, también de otros continentes de un mismo contenido y contexto.

Ellos si comulgan y se ensucian, y tanto todo lo cubren con sus túnicas de vivo azafrán, solo dadles un motivo y una intención y será que sobre sus yaks que bajaran del único Himalaya, y de Candanchu, y de Bangkok, y de Chian Mai, y hasta de la pecaminosa Phuket desde los mismos infiernos de Paton Beach, y de la Lasaderia de detrás de la ciudad perfilada de rojos de Beijing la Pekín antigua contigua a la plaza de Tianan Men corazón y nexo cultural de un país remodelado y no olvidado que se mancho las manos de sangre inocente que no tocaba imprimir en las páginas de la historia. No, no hay excusas, no existe el perdón para tales sacrificios. No, no hay que dejar en el olvido a los héroes más valientes. No, no hay otro homenaje para con los civiles que honrarles con la memoria más firme y mas férrea. No, no existen apóstoles de carne y hueso más honestos y celebrados por mi pasión ascendente hacia ellos, son ellos los de Tianan Men como los segundos mineros de Iquique tan consecuentes con sus actos en sus infinitas huelgas para poder suspender los pies fuera del lodo a través de los más sencillos tablones con la suma de los que quedaron por debajo tras los fusilamientos, pero no fue menos la desproporcionada masacre que a boca jarro y sin previo aviso asolo a la institución más sagrada, ocurrió en la sala de estar de la democracia mientras las mujeres de los mineros esperaban pacientemente a ser recibidas por un presidente, quedaban contenidas en la misiva sus suplicas a una problemática laboral de dimensiones nacionales ante una precariedad insostenible en el seno de las familias, y si, si que fueron recibidas a balazos por la orden gubernamental de un tirano y los secuaces que ejecutaron y perpetraron tan vil atrocidad en un acto tan cobarde --las ordenes ilegitimas son normas para no obedecerlas, pudieron quedar almacenados los fusiles en las armerías, no han de ir las manos contra los gatillos apuntando hacia ellas tan desalmadas de venganzas, tan provistas de vida, tan visionarias, tan inocentes, tan dulces…

Ellas lo son todo. Todo lo mostraron, su determinación, su coraje y hasta un futuro que es ahora nuestro presente.

Pero volviendo de este enmarañado vaivén emocional de ir dando saltitos en la historia que otros escribieron tan verídica, real y ordenada, volviendo en la propia historia personal que yo me he montado de una forma tan desconcertante y anárquica que hasta a mi mismo me cuesta encontrar el hilo en este carrusel desmesurado de emociones –Y ni imaginarme quiero la encrucijada mental que tendréis vosotros, pero en ocasiones me dejo ir en unos deliciosos desvaríos a los que nombro sueños salvajes para cuando se está despierto y nuestra realidad es tan cruda que necesitamos evadirnos aunque sea en una dirección inexacta que resulta hartamente reconfortante pero a la misma vez tan caótica en contenido como en orden. Y quien puede negar la máxima de que este mal acudir al cuentacuentos, a los recuerdos atrás en los años de juventud, a las hadas o la misma ciencia ficción entre tantos otros apasionados valientes héroes como unos ídolos que cada uno teje dentro de sí aunque la madurez de su edad choque con los cánones establecidos que nos indica o nos marca nuestra sociedad. No, nadie puede negar esta máxima. No, nadie os puede negar este derecho adquirido por el que también se dejaron la piel todos nuestros antepasados.

Y ahora prosigo en mis desvaríos….

Así fue como conocí a la nieta de la gran amiga y confidente personal de Pablo Neruda, fue la abuela materna de Celia quien medió e hizo de correo con cada uno de esos veinte poemas de amor y una canción desesperada entre el tierno e imposible amor entre Neruda, un pobre poeta muerto de hambre que no tenia donde caerse al lado de una dulce joven dama de sociedad a la que su clase social no le permitiría volar hacia uno de los más ilustres analfabetos que la literatura nos ha entregado, a Pablo Neruda, un analfabeto capaz de haber vencido al orgullo, alguien que jamás se proclamo a si mismo ilustre, sabio o erudito, alguien que se considero así mismo un analfabeto de la vida.

La perdí la pista a Celia en Villafranca del Penedés donde habré de regresar para quedarme. Se obsequia tanto esta tierra, me han llevado tantas voces hasta ella, el inicio de una amistad entre dos chilenas y un español, y el destino nos extravió, y…

Un fragmento de dos frases para el final de un inicio de un nuevo trayecto.

–Me queda tanto por aprender en lo poco que he descubierto, ahora llega el momento de volver—A PN.

RRD.