sábado, 9 de abril de 2011

En un 2011 como en un año de una vida me abrazo a un deseo en cada día.

En un uno de enero.

Me gustaría sentir menos miedo en cada mañana.

En un dos de enero.

Ahora son tus ojos los que me acercan a hoy.

En un tres de enero.

Ordeno los huecos de los tiempos pasados guardados en los trajes gastados sobre las cenas atendidas y atentas en todos los sábados que nos invadieron enteros.

En un cuatro de enero.

Desde esta terraza una silueta asciende al este a la misma altura de la abadía de Montserrat y se anuncia como un inicio.

En un cinco de enero.

Me regalo una hora más de luz robada al sueño porque ir a soñar quiero a esa poetisa en la que tan pocos han viajado en sus versos.


A Freya H.N.

En un seis de enero.

Sé quién eres, te he conocido cuando me has entrado como una daga sin pedir permiso ni audiencia hasta la rabia incontenida que me abrasa de cólera esta arrogancia de la que no se huir.

En un siete de enero.

En mi último reducto de aliento quisiera ser llevado al aire al subir al olvido donde anhelo quedar dormido entre polvo de estrellas y los hijos.



RRD.